Cinco vinos de colores que te van a romper los esquemas sobre el vino

Partimos de la base de la definición de vino según la RAE: “bebida alcohólica que se obtiene por fermentación del jugo de la uva”. A partir de ahí, se abre todo un mundo de posibilidades como añadirle colorante a un vino blanco, macerar un tinto con frutos secos o con naranjas ¡e incluso hacer un vino fermentando plátano en lugar de uva! A continuación te mostramos cinco tipos de vinos que tienen como resultante de su elaboración un color que no es el clásico rubí o ciruela del tinto, el rosa del rosado o el dorado del blanco.

Cinco vinos de colores

Vinos azules

El vino azul se puso de moda hace unos años cuando los jóvenes innovadores de Gik lanzaron por primera vez, y por el precio de 9 euros, una botella con contenido color pitufo gracias a los pigmentos azules llamados antocianina e indigocina que le agregan después de fermentar la uvaAl carro de esta corriente se han ido sumando “cantidad de vinos azules, así como los frizzantes italianos, más o menos edulcorados o dulces, con un puntito de aguja que también es añadida, a gusto del marketing de la empresa que lo elabora con ganas de romper en el mercado”, apunta el enólogo Eusebio Pérez Pastor.

Como curiosidad, el especialista señala también que en el sector vitivinícola se armó una batalla legal que acabó prohibiendo llamar “vino” a este tipo de productos porque “no se adapta a los parámetros que establece la Organización Internacional del Vino: “algunos de los vinos azules no llegan a la graduación mínima que, en España, debe ser de 9% en volumen”.

A eso agrega la circunstancia de que “otros van aromatizados y la sustancia colorante que llevan no está contemplada en ningún documento legal, con lo cual, la legislación, para curarse en salud y para proteger la figura del vino como tal, decidió que se llamara bebida hecha a base de vino con una colorante alimentario autorizado”.

Vinos anaranjados

Los vinos anaranjados solo tienen de naranja el color y no: no han de confundirse con los rosados. Dentro de los vinos normales, nos pueden parecer los más originales, pero se sabe de la elaboración de vinos naranjas desde tiempos ancestrales. Pérez Pastor explica que “se hacen con variedades de blanco tratadas como si fuera un vino tinto, prensando y macerando los hollejos con el mosto durante varios días, en vez de separar las pieles de las uvas, como se hace habitualmente con los vinos blancos en el momento de la prensada.

Eso les aporta más aromas y sustancias colorantes naturales que, después de la fermentación, con el envejecimiento, derivan hacia las tonalidades anaranjadas y queda como un color ambarino parecido a los amontillados. En la zona de Terra Alta de Cataluña a los hollejos les llaman brises, por eso estos vinos también se conocen como vinos de brisas o vinos brisados”.

Los vinos anaranjados se están poniendo muy de moda a nivel mundial, pero en España tenemos uno exquisito llamado Pieles, de la bodega menorquina Binifadet, que, tras la fermentación con hollejos y pepitas, lleva un “trabajo de lías durante seis meses en una tinaja de barro abriendo la tapa periódicamente para buscar una oxidación controlada”. Recuerda en nariz a cereales, miel, hierbas secas, flores marchitas, cítricos, fruta de hueso y en boca es potente y sabe a fruta madura. Cuesta 25 euros.

Vinos naranjas

Los vinos de naranja se diferencian de los anaranjados en que están aromatizados con naranjas amargas, o naranjas de Sevilla (Seville oranges en inglés). Se trata de un invento español, o más bien andaluz, pues se elaboran sobre todo en la DO Condado de Huelva, pero también en Cádiz y en Málaga. Estos vinos llevan un proceso de aromatizacion con cáscaras de naranjas cuidadosamente seleccionadas por su amargor, las cuales pasan por una maceración aparte para extraer el alcohol con sus sustancias volátiles.

Una vez está hecho el vino, ya sea dulce o seco, se encabeza, es decir, se le añade ese alcohol con el aroma de la naranja y se mete a envejecer en un sistema de soleras y criaderas, como si fueran los vinos generosos que te explicamos en este reportaje. La bodega de Moguer Diezmo Nuevo-Bodegas Sáenz fue fundada en 1770, de hecho es una de las tres bodegas más antiguas de España, y es la artífice de este Sáenz Vino Naranja artesanal que continúa con la fórmula de 1870 y le sale delicado, goloso, ideal para postres y sobremesas con pastelitos. Cuesta 8,50 euros.

Vino amarillo

El Platé está elaborado con plátano por la bodega homónima. Por eso, aunque siga el mismo proceso de vinificación y prensado que el vino de uva, el Instituto Canario de Calidad Agroalimentaria (ICCA) lo califica como “bebida alcohólica a base de plátano fermentado”. Por su color amarillento, pasaría perfectamente por un blanco, pero en boca es puro plátano de Canarias, muy tropical y más o menos dulce según elijas el Afrutado o el Semi seco.

A la fermentación del plátano pelado le sigue un filtrado que lo deja como oro líquido, sin colorantes ni aromas añadidos, pues, sinceramente, se llame como se llame, de sabor va sobrado. Sus creadores son Cristian Ramos, agricultor y productor de vinos, y Carlos Guevara, ingeniero agrónomo. La botella vale ocho euros.

Vino marrón

El vino marrón o de nueces solía hacerse en las casas después de la noche de San Juan, a fin de tenerlo listo en Navidades para combatir las bajas temperaturas con azúcar y nueces. Pues bien, ahora la Cooperativa Nuestra Señora de la Paz de Villarta de San Juan (Ciudad Real), enmarcada en la Denominación de Origen La Mancha, elabora el Amento, un vino de la varietal tempranillo que se macera con nueces verdes durante tres meses, adquiriendo así todos sus matices en nariz y en boca. Ojo que solo comercializan 3.000 botellas de medio litro a 9,50 euros.

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