Sean Connery. Eterno James Bond y otros personajes literarios

Sean Connery falleció el pasado día 31 de octubre con 90 años. Este actor escocés, uno de los más grandes iconos del cine contemporáneo e internacional, tuvo una carrera tan larga como prolífica y jalonada de títulos que ya pertenecen a la memoria cinematográfica colectiva. Varios de los personajes que interpretó eran literarios, como el que más fama le reportó: James Bond. Así que valga este repaso de ellos como homenaje.

James Bond

Connery fue el primero en darle vida a James Bond, el inmortal personaje creado por Ian Fleming. Muchos lo consideran el mejor intérprete del icónico agente secreto con licencia para matar. Para mí lo es sin duda. Pero él tuvo una relación de amor y odio con Bond después de siete películas metiéndose en su piel.

  • 007 contra el Dr. No (1962)
  • Desde Rusia con amor (1963)
  • James Bond contra Goldfinger (1964)
  • Operación Trueno (1965)
  • Solo se vive dos veces (1967)
  • Diamantes para la eternidad (1971).
  • Nunca digas nunca jamás (1983)

Daniel Dravot — El hombre que pudo reinar

Basada en la novela corta homónima de 1888, escrita por Rudyard Kipling, está considerada como una de las mejores que tiene. Cuenta la historia de dos suboficiales británicos en la India que se convierten en reyes de Kafiristán, una parte remota de Afganistán. Estuvo inspirada en las vidas de dos personajes reales de la época.

John Huston dirigió la versión para el cine en 1975. Contó con Connery y Michael Caine, que desde entonces se hicieron muy amigos, para interpretar a los protagonistas en una de esas películas de aventuras por excelencia.

El Caballero Verde — La espada del valiente: La leyenda de sir Gawain y el Caballero Verde

Aquí llegó solo con el título de El Caballero Verde. Fue una de las varias adaptaciones que se han hecho del famoso poema medieval inglés de tradición artúrica. Dirigida por Stephen Weeks en 1984, la protagonizan Miles O´Keeffe como sir Gawain y Sean Connery como el Caballero Verde.

Guillermo de Baskerville — El nombre de la rosa

Es posiblemente su personaje literario más conocido y aplaudido, tal vez porque esta adaptación en 1986 del director francés Jean-Jacques Annaud de este clásico de Umberto Eco es una de las películas más populares de todos los tiempos. Nadie puede imaginarse ya con otra cara al fraile franciscano más detectivesco de esta historia de crímenes y oscurantismo medieval.

Marko Ramius — La caza del Octubre Rojo

Adaptando una de las novelas de Tom Clancy, protagonizada por su famoso analista de la CIA, Jack Ryan, John McTiernan dirigió en 1990 una de esas películas de acción y tensión cuyo supuesto personaje secundario (el comandante ruso Marko Ramius) eclipsó completamente al protagonista y supuesto héroe (Jack Ryan). El carisma de Connery diluyó a un demasiado suave Alec Baldwin.

Rey Arturo — El primer caballero

Connery ya lo había sido también en ese cameo final de Robin Hood, príncipe de los ladrones (1991), aunque no estuvo acreditado. Igual que años antes había sido un Robin Hood crepuscular junto a Audrey Hepburn en Robin y Marian, que dirigió Richard Lester en 1976.

Retomó al rey Arturo, ya como protagonista, en esta muy libre versión con estética de videoclip que dirigió Jerry Zucker en 1995 con Richard Gere como un Lanzarote de diseño, Julia Ormond o Ben Cross.

Alan Quatermain — La liga de los hombres extraordinarios

Fue la última película que protagonizó Connery antes de retirarse del cine. La dirigió Stephen Norrington, que tomó la referencia de una serie de cómics fantásticos de Alan Moore.

Connery interpretaba al famoso aventurero Alan Quatermain, al que recurre el gobierno inglés, en la época victoriana, que no sabe cómo enfrentarse a un diabólico plan cuyo objetivo es dominar el mundo. Así que deciden contratar a un equipo de héroes y aventureros de toda condición como el doctor Henry Jekyll, el capitán Nemo, la vampira Mina Harker o Dorian Gray.

Se quedó en un pastiche, pero Connery demostró por última vez por qué donde él estuviera, como protagonista o secundario, era garantía de éxito.