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Cómo Sentirte Bien

Qué es el ‘fidgeting’: las curiosas ventajas de ser inquieto

19 septiembre, 2021

Qué es el 'fidgeting': las curiosas ventajas de ser inquieto

Algunas personas son inquietas por naturaleza. No pueden dejar de mover las piernas o de jugar con cualquier objeto que tengan al alcance de la mano: bolígrafos, anillos, el propio cabello, la ropa, etc. En nuestro idioma, esa actividad carece de un nombre específico; en inglés se llama fidgeting.

Esos movimientos parecen no tener ninguna utilidad, más que expresar un carácter inquieto o aliviar –en ciertas personas– situaciones de tensión, nerviosismo, aburrimiento o frustración. Es común, también, en quienes padecen un trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

Sin embargo, diversas investigaciones en los últimos años han demostrado que el fidgeting ofrece una serie de sorprendentes beneficios, tanto a nivel psicológico como físico. Conviene poner atención en tal fenómeno para intentar sacarle el máximo provecho.

A nivel psicológico, estos movimientos del cuerpo estarían asociados con una mejor retención de información. En un experimento, científicos canadienses pidieron a un grupo de personas que observaran el vídeo de una clase de 40 minutos de duración.

Con el paso del tiempo, se dio lo esperado: la atención de los participantes se redujo y aumentó el fidgeting. Además, la relación entre esta actividad y la retención de información fue «significativa», según los investigadores.

Esto les llevó a concluir que «el fidgeting ejerce una contribución única para la retención del material» de la clase. Esto se relacionaría también con otro hecho curioso: dibujar garabatos ayuda a recordar mejor lo que se oye durante una conferencia o una conversación telefónica.

Ese fue el resultado de una prueba realizada hace más de diez años en el Reino Unido. Según trabajos anteriores, las personas con mayor tendencia al fidgeting también son más propensas a la distracción y las divagaciones, lo cual suele ser causa de unos rendimientos académicos y laborales más pobres.

Los movimientos inquietos serían, por lo tanto, una especie de antídoto contra esa dispersión: un estímulo físico para que la mente recuerde que debe centrarse en lo que está haciendo, y de esa forma pueda dedicar el esfuerzo y las energías requeridas por esa tarea.

Las ventajas fisiológicas del fidgeting, no obstante, parecen ser aun más importantes que las psicológicas. Estos movimientos involuntarios e inconscientes podrían ser un recurso del organismo para, entre otras cosas, controlar el peso corporal.

Como parte de un estudio, expertos de la Clínica Mayo, de Estados Unidos, pidieron a 16 personas no obesas que incluyeran en su dieta diaria unas mil kilocalorías (kcal) extras.

Al cabo de ocho semanas, los participantes habían ganado grasas y por lo tanto subido de peso, pero no tanto como los investigadores habían supuesto de antemano.

¿Cuál fue la razón? En buena medida, que esas personas aumentaron su fidgeting. Es como si el cuerpo entendiera que está ingiriendo demasiadas calorías y tomase medidas «por su cuenta» para combatir ese exceso.

Esto se relaciona con un sistema llamado adipostato, por el cual (del mismo modo que un termostato procura mantener estable la temperatura en un determinado ambiente) el cuerpo intenta mantener su peso en unos niveles adecuados.

Si las calorías se reducen, el adipostato hace que el cuerpo reduzca el gasto de energías; si las calorías se incrementan, busca lo contrario: que el gasto aumente. Para esto sirven los movimientos involuntarios.

Tales movimientos, junto con el mantenimiento de cierta postura corporal y otras acciones de la vida cotidiana, dan lugar a la denominada termogénesis por actividad sin ejercicio (NEAT, por sus siglas en inglés). Es decir, el consumo de calorías sin realizar deporte o ejercicios físicos de forma deliberada.

De acuerdo con los investigadores, dos tercios del gasto energético extra realizado por los participantes en el citado trabajo se debió a la NEAT. Es curioso, porque el sentido común parece indicar que esos pequeños movimientos no pueden consumir demasiadas energías.

Sin embargo, otro estudio del mismo equipo de investigadores reveló que, cuando se realiza fidgeting, el gasto de calorías aumenta entre un 29% y 38%, en función de si la persona está sentada o de pie (en comparación con lo que gasta cuando está en reposo y quieta).

La NEAT puede representar una inversión de entre 100 y 800 calorías diarias. Es decir, unas cifras similares –e incluso superiores– a las que muchas personas «queman» a través de diversas rutinas de entrenamiento.

Todos estos datos llevan a ver de otra manera una práctica que parece inútil en el mejor de los casos, cuando no genera fastidio y malestar a las personas que se encuentren alrededor de quien no para de moverse.

Lo malo es que el fidgeting, como ya se ha mencionado, se realiza de manera involuntaria e inconsciente, y esto se debe a que depende –en un alto porcentaje– de factores genéticos.

Sin embargo, se pueden tomar medidas para promover la termogénesis por actividad sin ejercicio. Algo que puede ser muy valioso sobre todo para personas con hábitos o trabajos que las llevan a pasar mucho tiempo sentadas.

El sedentarismo es un importante factor de riesgo para múltiples problemas. Un análisis de datos de 12.778 mujeres en el Reino Unido –publicado en 2016– determinó que el fidgeting redujo las tasas de mortalidad por cualquier causa pero asociada a pasar mucho tiempo sentadas.

Una de las medidas simples que se pueden tomar consiste en trabajar de pie. Una revisión de estudios determinó, en 2018, que el mero hecho de mantenerse en esa posición implica un gasto energético de 9 kcal extras por cada hora.

Para una persona de 65 kilos de peso corporal, mantenerse de pie (en vez de sentada) durante seis horas diarias a lo largo de un año «se traduciría en el contenido energético de aproximadamente dos kilos y medio de masa grasa corporal«.

Además, trabajar de pie contribuye con una mayor frecuencia en los cambios de postura, lo cual también incrementa el gasto energético. De todos modos, hay que tener en cuenta que pasar mucho tiempo de pie también conlleva algunos riesgos, como posibles sobrecargas musculares y otras lesiones de mayor importancia.

Por lo tanto, lo más aconsejable es alternar los periodos de pie con los de estar sentado. Estos últimos, por supuesto, no implican que los movimientos desaparezcan. Se puede recurrir a las pelotas antiestrés o a simplemente mover las piernas.

Un estudio de 2016 determinó que los pequeños movimientos de las piernas mientras se está sentado permiten prevenir la disfunción endotelial de las piernas (que a su vez es causada por estar sentado durante mucho tiempo).

Incluso algo tan simple como tensar la musculatura con cierta frecuencia también contribuye con el gasto energético, y además evita la sensación de entumecimiento que surge tras permanecer durante un largo periodo en una misma posición.

De hecho, los ejercicios de Kegel, beneficiosos tanto para mujeres como para hombres, consiste precisamente en esa acción de contraer y distender los músculos cada cierto tiempo, a la vez que se realiza cualquier otra actividad.

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