Placer, empatía y optimismo: estos son los grandes beneficios de escuchar música

La música ha sido desde el alba de los tiempos una fuente de placer y bienestar, pero también una especie de matriz social. En las últimas décadas, una gran cantidad de estudios científicos han tratado de determinar el porqué de su importancia, cuáles son los efectos de la música sobre el cerebro y el resto del cuerpo, qué beneficios aporta escuchar música. Esas investigaciones han corroborado muchos de los efectos positivos que se le atribuyen.

Y no solo eso: además han señalado virtudes antes desconocidas, que abren nuevas posibilidades para su aprovechamiento. En un mundo que nos resulta cada vez más estresante, en el que la competitividad y la falta de tiempo afectan el bienestar de las personas, la música “parece ser uno de los medios más poderosos para inducir emociones positivas, con su influencia para perdurar independientemente de la cultura y a través del tiempo”. Así lo afirma una revisión de muchos de esos estudios, publicada en 2018 por la investigadora india Minakshi Rana.

Tal análisis especifica que “la influencia de la música en nuestro bienestar es profunda”, y que “existen varios estudios que respaldan el papel de la música, que mejora los cinco elementos centrales del bienestar psicológico“. Esos cinco elementos -tomados de la llamada “teoría del bienestar“, enunciada hace una década por el psicólogo estadounidense Martin Seligman- son los siguientes:

  • emociones positivas
  • compromiso
  • relaciones positivas
  • búsqueda de un sentido y un propósito para la propia vida
  • logros

“Cada vez que seleccionamos una pieza musical, hacemos una serie de evaluaciones psicológicas muy sofisticadas”, asegura el texto de Minakshi Rana. “La música puede ser especialmente adecuada para manejar o regular las emociones y el estrés en la vida cotidiana, ya que tiene la capacidad de distraer e involucrar a los oyentes en una variedad de formas cognitivas y emocionales”, dice también, y concluye: “Escuchar música está crucialmente implicado con el estado de ánimo, y la elección de la música que se escucha puede considerarse como una forma de autoayuda psicológica”.

La principal función de la música es el placer

Pero ¿de qué manera funciona esa ayuda que proporciona la música? “La principal función de la música es causar placer en quien la oye, que puede ser también quien la interpreta”. Esta idea es la que más consenso tiene en la actualidad. Fue enunciada por el músico Emery Schubert, quien también se desempeña como docente e investigador en la Universidad de Nueva Gales del Sur, Australia.

La experiencia de escuchar música “inhibe los centros de displacer neural -puntualiza Schubert-, lo cual permite la activación de emociones y recuerdos ricos y numerosos“. De hecho, escuchar música hace que el cuerpo libere dopamina, neurotransmisor considerado como una de las “hormonas de la felicidad”, pues está asociado con el gozo y participa del sistema de refuerzo que motiva a una persona a realizar (y repetir) ciertas actividades.

Por otro lado, la dopamina se genera no solo al escuchar la música, sino en los momentos previos, cuando la persona sabe que va a escucharla y, por lo tanto, puede anticipar lo que sentirá. El estudio que realizó estos hallazgos fue elaborado por científicos de la Universidad McGill, con sede en Montreal, Canadá, y publicado en 2011. Los investigadores señalaban entonces que sus resultados “ayudaban a explicar por qué la música ha tenido y tiene tan alto valor en todas las sociedades humanas”.

El “efecto contagio”

A tal punto ejerce su influencia la música que puede participar en la forma en que interpretamos las expresiones ajenas. Según un experimento realizado por científicos de Austria y el Reino Unido, personas que acababan de escuchar canciones alegres tendían a interpretar gestos neutrales como felices, mientras que otras, después de escuchar música triste, atribuían a gestos similares sensaciones de tristeza. Es decir, la música hace que quien la escucha transfiera sus propias sensaciones a su percepción de los demás.

Más allá de ese “efecto contagio”, la música ofrece otra ventaja: la posibilidad de disfrutar de las canciones tristes sin que el resultado sea ponerse triste. Y es por eso que se puede disfrutar de la música melancólica, sin que esta transfiera al oyente esa sensación negativa, sino que -igual que la música alegre- también genera placer. A esa conclusión llegaron científicos japoneses en un estudio publicado en 2013, según los cuales lo que se experimenta al oír música es una emoción indirecta. Ese efecto está relacionado con la empatía, la capacidad de ponerse en el lugar del otro, como lo analizó también un trabajo posterior.

Induce a bailar hasta en el útero

Otro de los efectos curiosos de la música es que, a las personas que la escuchan, las induce a mover el cuerpo. Por ello es que, desde tiempos inmemoriales, los seres humanos no solo han producido y escuchado música, sino que han bailado a su compás. Estudios recientes han profundizado sobre la llamada teoría motora de la percepción, según la cual “las personas perciben y dan sentido a lo que escuchan simulando mentalmente el movimiento del cuerpo que se cree que está involucrado en la creación del sonido”. Por su parte, especialistas del Instituto Marqués, de Barcelona, han detectado que incluso a las 16 semanas de gestación los fetos reaccionan con gestos a la música que oyen desde el útero materno.

El efecto de distracción de la música también tiene sus consecuencias, aunque estas pueden ser positivas o negativas, según la actividad que se lleve a cabo. Por un lado, la música resulta una ayuda para personas que hacen actividad física, pues hace que el cerebro “olvide” que está cansado y se pueda entrenar un poco más. Si los ejercicios se sincronizan con el ritmo de la música, de hecho, resultan más eficientes: hay estudios que certifican incluso la mayor salud cardiovascular de las personas que hacen ejercicios aeróbicos con música.

Pero, por otro lado, la distracción que genera la música puede tornarse un factor de riesgo en conductores jóvenes de automóviles, según un estudio elaborado por científicos de Israel. Sin embargo, esto sucedía solo con canciones que los conductores conocían. Cuando fueron acompañados por canciones que no habían escuchado nunca antes, el nivel de conducción fue incluso mejor que cuando anduvieron en silencio. Aunque la distracción también tiene sus efectos positivos: desde hace décadas se utiliza la música clásica de cadencias suaves y lentas para reducir la agresividad en residencias de la tercera edad y hospitales psiquiátricos.

Más música, más felicidad

Los beneficios señalados, entre otros, explican el desarrollo de la musicoterapia, la utilización de la música o de algunos de sus elementos en intervenciones terapéuticas que procuran mejorar la calidad de vida de las personas. Experiencia srecientes han corroborado la eficacia de esta práctica: en conjunto con la psicología positiva (la corriente impulsada por el ya citado Martin Seligman), la musicoterapia en adolescentes produjo aumentos significativos en los niveles de felicidad subjetiva y reducción en los síntomas de ansiedad. Es decir, una mejora en el bienestar de estas personas.

Y las experiencias demuestran también la importancia del trabajo consciente para sentirse bien. Dos estudios compararon el efecto de escuchar música agradable en dos grupos de personas: a las del primero se les pidió que hicieran el esfuerzo de tratar de sentirse mejor, mientras que a las del segundo no se les dio ninguna indicación en ese sentido. El resultado fue que, al final de la prueba, la gente del primer grupo mostró un estado de ánimo más elevado que la del segundo. Ambos estudios fueron la base de un artículo publicado en The Journal of Positive Psychology, que se tituló: “Tratar de ser más felices realmente puede funcionar”.

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