Los cocineros, hartos de las falsas alergias alimentarias de los clientes

Alérgicos al marisco que no tienen ningún problema con la salsa de ostras; supuestos celiacos a los que el gluten parece molestar sólo si está en el pan; o -dejando a lado las intolerancias- vegetarianos que parecen no tener ningún problema con las alitas de pollo. Parece un chiste, pero se trata del día a día de muchos restaurantes, según ha denunciado un cocinero, harto de que los pedidos de los comensales estén llenos de anotaciones sobre lo que, en teoría, pueden o no comer.

Aunque fue el chef australiano Patrick Friessen quien denunció en sus redes sociales esta moda de las falsas alergias, en realidad es un tema muy comentado entre los cocineros, que tienen que lidiar con este tipo de requisitos especiales de los comensales cuando, en muchos casos, son manifiestamente mentira.

Según relata este cocinero del restaurante Queen Show, otro clásico son los que se declaran alérgicos a la cebolla. Por lo visto, una dolencia muy habitual entre quienes están teniendo una cena o comida romántica y básicamente quieren evitar el mal aliento, explica Friesen. ¿El problema? De entrada, que Queen Show es un restaurante especializado en cocina asiática y platos de Hong Kong en los que la cebolla suele jugar un papel fundamental y está presente en la mayoría de recetas.

 

No es la primera vez que este chef cuestiona públicamente eso de que el cliente siempre tiene la razón. De hecho, hace ya unos años, su crítica a unos vegetarianos que decidieron ir a cenar a un restaurante especializado en barbacoa también causó bastante revuelo. “¿Podríais pensarlo mejor antes de venir a una barbacoa y hacernos cambiar un montón de platos? Yo no voy a un restaurante indio y me indigno si me sirven curry”, comentaba indignado en su Instagram.

Si el caso de los vegetarianos puede parecer anecdótico o la pataleta de un cocinero que tiene que adaptar el menú por el capricho de los clientes, el tema de las falsas alergias alimentarias es mucho más serio y peligroso. De hecho, según explica él mismo, su madre padece enfermedad celiaca, y cada vez es más difícil encontrar locales donde se tomen en serio estas intolerancias reales.

Algo sobre lo que llevan alertando desde hace tiempo las asociaciones de celiacos. Cuando las intolerancias alimentarias se convierten en un moda y se frivolizan enfermedades reales -denuncian-, los protocolos sobre manipulación de productos se relajan en los locales, con lo que aumenta el riesgo de contaminación cruzada.

Dicho de otra forma: los restaurantes están tan acostumbrados a lidiar cada día con falsas alergias a tal o cual producto -que no se nos olvide la lactosa, otra moda en auge-, que acaban por no tomárselo demasiado en serio cuando un cliente pide un menú sin algo.

El clásico “¡Que viene el lobo!” que nadie se cree. Hasta que el lobo, el gluten, el marisco o lo que sea viene de verdad.

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Author: La Gulateca
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