Leches vegetales: ¿cuál debo beber para ser más ‘eco’?

Si hacemos caso a nuestras ansias por seguir las última eco-tendencis podemos acabar sufriendo consecuencias inesperadas. Porque no todas las leches son iguales, ni resulta cierto que la leche vegetal, como la bebida de almendra, avena, soja o nueces siempre cuide del planeta. O lo haga igual de bien.

Si nos proponemos seriamente convertirnos en consumidores más sostenibles, necesitamos leer más allá de los titulares y plantearnos de forma rigurosa cómo llevamos las pautas de consumo ético a nuestra vida. Te contamos qué leche debes tener cerca para fardar de ser un tipo o tipa “eco”. Y de cuáles debes huir porque estarás haciendo el ridículo.

La leche vegetal es mejor para el planeta: cierto

No faltan voces que culpan a la ganadería de muchos de los males de este planeta, entre ellas la alzada por el documental Cowspirancy, que culpa a las emisiones de metano del ganado de jugar un papel crucial en el calentamiento global. También los expertos de la ONU llaman a comer menos carne para frenar la crisis climática.

Si a estas voces añadimos las lanzadas por los abanderados de la alimentación limpia o del clean eating no debería extrañarnos que muchos estemos abandonando la leche de vaca en favor de alternativas vegetales, las cuales, según Euromonitor, ya suponen el 12% de las ventas globales de leche y cuyo mercado mueve 11.400 millones de euros.

Todo ello suena positivo. El carbón liberado a la atmósfera en forma de gases de efecto invernadero (huella de carbón) por un litro de leche de vaca semidesnatada (1,67 kilos) resulta muy superior al creado por un litro de leche almendra (360 gramos), recuerda el Instituto de Medio y Sostenibilidad (IoES, por sus siglas en inglés).

Supongamos que alguien bebe 7,5 litros de leche al mes. Resulta que, si escoge una bebida de soja en lugar de la alternativa sacada de la vaca, esa persona estaría reduciendo sus emisiones en 63,6 kilos al año; lo que equivale a la cantidad de CO2 absorbida por 6,4 árboles. Ahora bien, si la misma persona opta por una bebida de avena en lugar de la tradicional leche de vaca, ella o él estará recortando aún más sus emisiones de CO2: cerca de 71,8 kilos, lo que absorben 7,2 árboles. Por desgracia, los alimentos no informan en su etiqueta de las emisiones asociadas a su producción. Si fuera así, los consumidores sostenibles lo aplaudiríamos.

Buena leche y mala leche (vegetal)

Hasta ahora, la opción sostenible parece clara: escojamos bebidas vegetales en lugar de leche de vaca para proteger el planeta. El problema es que aún queda la letra pequeña. “Porque no podemos cultivar de forma industrial y pretender que nuestra leche vegetal resulte sostenible”, explica Julio Barea, responsable de la campaña de plásticos de Greenpeace España.

Un ejemplo: Mientras que el almendro constituye un cultivo de secano, que crece casi sin agua, cuando se intensifica para obtener más frutos sí necesita grandes cantidades de agua. Lo que explica el daño medioambiental que las plantaciones de almendros causan donde se plantan de modo intensivo.

Sobre todo en California: producir un litro de leche de almendra consume unos seis litros de agua. “Todo ello sin tener en cuenta el recipiente en el que viene, que suele ser un tetrabrik, uno de los envases más complicados de reciclar por contar con múltiples capas, papel-cartón, plástico y aluminio”, apunta Barea.

¿La mejor leche? Vegetal y hecha en casa

Las almendras constituyen uno de los alimentos más saludables que puedes comer. Este fruto (o semilla, si eres un sibarita de la botánica) viene cargado de vitaminas, minerales y otros beneficiosos compuestos vegetales, además de proteína, grasas buenas y fibra. Así, los expertos dicen que el consumo habitual de almendras reduce el riesgo de sufrir una enfermedad cardiaca y alzhéimer, entre otras dolencias.

Solución: haz tu propia leche en casa. Barea nos da la receta de leche de almendra que él mismo prepara para sus hijas: “Compras almendras crudas a granel cultivada en España, que para algo somos los segundos productores mundiales de este fruto, y las dejas de remojo toda la noche”, dice. Después, la trituras en un procesador, añades el agua y la cuelas para retirar los grumos. Y lo mismo puedes hacer con la avena o con las nueces. No solo tendrás la leche más sostenible, también es la opción más sana y barata.

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