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El ruido blanco, ¿realmente ayuda a dormir mejor?

6 noviembre, 2021

El ruido blanco, ¿realmente ayuda a dormir mejor?

Se conoce como ruido blanco a un tipo de sonido que reúne todas las frecuencias que el oído humano es capaz de captar, y todas ellas con la misma amplitud y potencia. Es llamado así en alusión a lo que sucede con la luz: la luz blanca es la suma de todos los colores. El ruido blanco también sería, de algún modo, la suma de todos los ruidos.

¿Cómo suena el ruido blanco? Pues como la estática de la radio o la televisión cuando no sintonizan ninguna señal. O como un aparato de aire acondicionado encendido. O como el zumbido homogéneo y constante que oímos al viajar en avión. O como el que generan lavadoras, secadores de pelo, ventiladores y algunos otros electrodomésticos.

El caso es que desde hace tiempo existe la creencia de que el ruido blanco puede ayudar a dormir mejor, del mismo modo que se afirma que es beneficioso para tranquilizar a bebés y niños pequeños.

Por ello, hay muchas aplicaciones para teléfonos y tabletas que reproducen esta clase de sonido, y también muchos vídeos con el mismo efecto en YouTube y otras plataformas. También se venden aparatos específicos para generar ruido blanco. Pero ¿cuánto hay de cierto en todo esto?

Hasta hace unos años no había demasiados estudios científicos sobre esta cuestión, aunque sí algunos. En 2005, investigadores de Estados Unidos analizaron el efecto del ruido blanco en la calidad del sueño de pacientes ingresados en la unidad de cuidados intensivos (UCI) de un hospital.

El trabajo llegó a la conclusión de que el ruido blanco reducía la cantidad de veces en que el sueño de los pacientes resultaba interrumpido, pues comprobó que la principal causa de esos despertares no era el volumen sino las variaciones bruscas del sonido: el cambio repentino de suave a fuerte.

Lo que hace el ruido blanco, explicaban las conclusiones del estudio, es “reducir la diferencia entre el ruido de base y el ruido máximo”. En consecuencia, aumenta los umbrales de tolerancia ante los ruidos ocasionales que se producen con frecuencia en una sala de UCI.

A resultados similares llegaron científicos de Irán, en un estudio publicado en 2016. Observaron que, tras apenas tres noches de hospitalización, las horas de sueño de los pacientes en la unidad coronaria se reducían de más de siete a menos de cinco. Además, el tiempo necesario para conciliar el sueño se duplicó: pasó de 12,6 a 25,8 minutos.

Por eso, decidieron probar con el ruido blanco. ¿Qué pasó? Los pacientes que durmieron acompañados por ese sonido, también después de tres noches ingresados, no mostraron cambios significativos ni en la cantidad de horas de sueño ni en lo que tardaban en conciliarlo.

La conclusión de los investigadores iraníes fue recomendar el uso de ruido blanco “como método para enmascarar los ruidos ambientales” y, de esa forma, “mejorar la calidad del sueño y evitar sus interrupciones” en la unidad de cuidados coronarios.

Los trabajos más recientes salieron de las unidades hospitalarias para ver qué sucedía en otros sitios. Uno de ellos, realizado en Indonesia y publicado en abril de este año, analizó el sueño de veinte estudiantes –mujeres de entre 16 y 18 años– en un dormitorio compartido.

Las participantes de la prueba durmieron durante treinta noches consecutivas acompañadas de ruido blanco, el cual sonaba de forma ininterrumpida entre las diez de la noche y las cinco de la mañana siguiente. Después respondieron el Índice de Calidad de Sueño de Pittsburg (PSQI, por sus siglas en inglés), un cuestionario para medir la calidad subjetiva del sueño.

Los resultados fueron positivos: en el dormitorio compartido –un espacio en el cual, al haber tantas personas, suelen producirse diversos ruidos y, en consecuencia, dificultades para dormir bien– el ruido blanco hizo que la calidad del sueño fuese mayor.

Y otro estudio reciente (publicado en julio de este año) se centró en diez personas que viven en la ciudad de Nueva York y tenían dificultades para dormir debido a lo ruidoso del entorno. Esta contaminación acústica es una característica de casi todas las grandes ciudades: el ruido es el segundo factor de estrés ambiental más dañino en Europa.

En este caso, los investigadores evaluaron la calidad subjetiva del sueño (a través de otro cuestionario, llamado Consensus Sleep Diary) y también su calidad objetiva por medio de un actígrafo, un dispositivo que parece un reloj de pulsera y permite analizar la duración y los patrones del sueño.

Ambos parámetros mostraron “mejoras significativas” al dormir con ruido blanco. Por eso, los autores del trabajo apuntan que “la aplicación de ruido blanco puede ser una herramienta eficaz para ayudar a mejorar el sueño” en entornos de contaminación acústica como el de las grandes áreas metropolitanas.

Más allá de que todos estos estudios señalan los beneficios del ruido blanco para dormir –e incluso la Fundación Nacional del Sueño, de Estados Unidos, destaca sus ventajas–, también hay especialistas que advierten sobre posibles efectos contraproducentes de acompañar el sueño por este sonido.

Destacan, por un lado, que no hay una regla general que funcione para todo el mundo: los parámetros ambientales más adecuados para dormir –tanto los sonidos como la iluminación y la temperatura– varían en función de cada persona.

Por otra parte, dormir siempre de esta forma podría generar una especie de reflejo condicionado, algo así como una “adicción” al ruido blanco. Esto podría hacer que a esa persona, en el futuro, le cueste mucho dormir sin el ruido blanco, lo cual puede ser un problema si tiene que dormir en otro sitio, con alguna futura pareja, etc.

Y además, si bien hemos reseñado aquí varios estudios, la evidencia científica todavía es reducida y en general las pruebas y experimentos se han realizado con pocas personas. Por lo tanto, todavía es muy pronto para dar por segura la conveniencia de este recurso.

En cualquier caso, el pleno silencio sigue pareciendo el entorno más adecuado para lograr un sueño de calidad. Pero el ruido blanco y la forma en que absorbe o enmascara los ruidos molestos podría ser una posible solución para quienes viven en un entorno demasiado ruidoso, como las grandes ciudades, y sobre todo en sus zonas más transitadas.

Cristian Vázquez
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