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Alimentos y mal aliento: ¿hay relación directa?

26 junio, 2021

Alimentos y mal aliento: ¿hay relación directa?

Se calcula que más del 25% de la población puede sufrir mal aliento de forma habitual, según datos del Instituto del Aliento, centro especializado en la investigación y tratamiento del aliento humano. Tener mal aliento es muy incómodo. Sin ser una patología grave, sí puede tener un grave impacto en la calidad de vida de las personas que lo sufren.

Según los mismos datos, también se calcula que la halitosis puede estar provocada por más de 80 causas. Este origen multifactorial dificulta su tratamiento. Lo que sí sabemos es que en el 80-90% de los casos el mal olor se origina en la cavidad bucal, más concretamente en la parte posterior de la lengua (el 20% restante puede achacarse a otras causas, digestivas o respiratorias).

El Informe sobre halitosis, elaborado por la Sociedad Española de Periodoncia y Osteointegración (SEPA), nos dice que la aparición del mal aliento está causada sobre todo por la presencia de unos gases denominados sulfurados volátiles (CSV).

De todos los factores asociados con el mal aliento (higiene bucal, enfermedades de las encías como gingivitis, problemas respiratorios como rinosinusitis, etc.), el consumo de ciertos alimentos es uno de los más comunes (es lo que se conoce como halitosis fisiológica o no patológica).

Los sulfurados volátiles (CSV) están producidos por microbios que a menudo “viven” en trozos de comida que se adhieren en la parte posterior de la lengua o en los dientes. La halitosis fisiológica suele aparecer “en personas con una buena salud oral pero que tienen bacterias acumuladas, generalmente en la parte trasera de la lengua”, aclara la doctora Patricia Bratos, ortodoncista.

Algunos de los alimentos más implicados del mal aliento:

Según la Academia de Odontología General estadounidense, el metil sulfuro de alilo en el café, las cebollas y el ajo puede permanecer en el torrente sanguíneo y ser expulsado por el aliento hasta 72 horas después de su consumo. No se trata de “alimentos perjudiciales, solo que dejan un característico olor en el aliento”, matiza Bratos.

También las dietas que se centran en la ingesta de grasas saludables y el ayuno pueden causar mal aliento debido a la forma en la que el cuerpo quema la grasa como su principal fuente de energía. Esto se debe a la descomposición de las cetonas, grasas que producen sustancias químicas y que tienen un fuerte olor.

En todos estos casos, la halitosis suele ser puntual, similar a la que aparece por las mañanas, al levantarnos (causada porque producimos menor cantidad de saliva, lo que propicia la halitosis).

La buena noticia es que este tipo de mal aliento puede evitarse con unos correctos hábitos higiénicos. Estos van un poco más allá del simple lavado de dientes y el uso de algún enjuague bucal que, aunque son fundamentales, no son los únicos.

No debemos menospreciar la lengua. En ella se acumulan numerosas bacterias, muchas de ellas responsables de la halitosis. Al cepillarla suavemente con un cepillo de dientes podemos privar a las bacterias de un excelente caldo de cultivo. Según un estudio publicado en Journal of Clinical Periodontology, después de la limpieza dental y de la lengua, las concentraciones de bacterias causantes del mal aliento se reducen en un 75%.

Tampoco debemos pasar por alto la zona interdental, rincones donde muchas veces no llegamos con el cepillo. “El 40% de la higiene de nuestra boca es interdental”, admite Bratos. Por tanto, es importante el uso de seda dental o de cepillos interproximales.

Puede ocurrir que hayamos consumido algún alimento que provoca mal aliento y no podamos lavarnos los dientes, la forma más eficaz de eliminarlo. En estos casos, y como propone Bratos, “podemos recurrir a los caramelos o chicles con xilitol”, una sustancia que ayuda a secretar saliva y a retirar los restos de alimentos de la superficie de los dientes.

El uso de caramelos o chicles de menta también puede ayudarnos a eliminar el mal aliento pero tiene un problema: su alto contenido en azúcar que, a la larga, puede desembocar en caries. En este caso, la experta aconseja enjuagarse bien la boca con un poco de agua para retirar el exceso de azúcar.

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